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sábado, 17 de mayo de 2014

Lima: Historia de los Antiguos "Huecos" del Amor


Hola a todos y todas. Les recomiendo este post. La fuerte multa impuesta por la Municipalidad de Lima al meretricio callejero, ante su crecimiento incontenible, nos da pie para recordar los días de la vieja Lima, en los que esa actividad pecaminosa y cuyo origen se pierde en la memoria, palpitó lujuriosa y frenética por los portales de la mismísima Plaza Mayor tras los rostros encubiertos de pícaras tapadas.

Un sacerdote alemán comparó a Lima del siglo XVIII con Sodoma y Gomorra y le llamó “pueblo desvergonzado”.

En el pasado la riqueza y opulencia de la Lima colonial cohabitó con los lenocinios y hasta con gremios de homosexuales o sodomitas a los que los españoles llamaban ya entonces “maricones”.


Indias, mestizas, negras, mulatas, españolas pobres y las llamadas “mujeres decentes” de la alta sociedad limeña se vieron envueltas en aquel oleaje de lujuria, escándalo y desenfreno que ninguna legislación de virreyes o del Cabildo pudo atenuar ni frenar.

Richard Chuhue Huamán en su obra “Plebe, prostitución y conducta sexual en Lima del Siglo XVIII Apuntes sobre la sexualidad en Lima borbónica”, revela que a los españoles no les importaba si las mujeres eran doncellas o casadas y las forzaban a convertirse en sus barraganas, esclavas, amantes, sirvientas sexuales o mesalinas.

Algunos virreyes se apresuraron a crear las famosas “Casas de Recogidas” para internar en ellas a estas "cortesanas", salvar sus almas de la condenación y atajar la aparición de enfermedades venéreas que padecían hasta las “mujeres decentes”.

Añade que el sacerdote jesuita alemán Wolfang Bayer, quien radicó en el Perú entre 1752 y 1766, comparó Lima y sus aldeas que la rodeaban con Sodoma y Gomorra. “No hay ningún género de pecado contra el sexto mandamiento, al que no se haya entregado este pueblo malo y desvergonzado, razón por la que domina en todos los lugares de este país el repugnante mal gálico”.




LÍMITES

En el siglo XVIII, el famoso viajero alemán Tadeo Hanke, dice de las costumbres limeñas: “Se ve hombres entregados al juego y otras disoluciones. La juventud se corrompe fácilmente, y en Lima es crecido el número de meretrices, cuyo lujo y riqueza prueban los muchos hombres acomodados que con ellas viven y las mantienen, hasta que se arruinan y sacrifican sus caudales”.

El historiador hace una breve síntesis de las medidas que tomaron varios virreyes para frenar el avance del meretricio en la colonia y asegura que al virrey Juan de Mendoza y Luna, Marqués de Montesclaros, en su Memoria de Gobierno de 1614, intentó erradicar el "servicio sexual" sin ningún resultado.


El Virrey Francisco de Toledo señaló que el trabajo sexual en Lima se debía limitar a la calle Barraganas en el Rímac, donde otro centro de lujuria callejera era la plazuelita del Baratillo.

En esas épocas las "cortesanas" ofrecían discretamente sus servicios por el Portal de Botoneros -costado de la Catedral-, Mercaderes (3ra. Jr. de La Unión) y otros puntos discretos. Estudiosos del tema señalan que después de la Guerra del Pacífico, vino una etapa de empobrecimiento y que el puterío limeño se incrementó con cientos de viudas y huérfanas de la guerra.




REGLAMENTOS Y AUGE

En 1908 Pedro Dávalos Lissón fue encargado por el gobierno para preparar un reglamento sobre el "servicio sexual" y estimó que las meretrices limeñas no pasaban en Lima de 120 y que eran muy religiosas, pues concurrían a misas y procesiones. Había tres clases de meretrices, para artesanos y obreros, para empleados del comercio, y oficiales el ejército y burócratas y el precio del coito era desde media, dos y hasta seis libras.

Las mujeres de primera categoría hacían sus conquistas en los teatros, los tranvías y hasta en las corridas de toros, cobrando las tarifas más altas.

Pero había otro servicio sexual clandestino oculto en complicidad con las rameras viejas, retiradas, y los cocheros de calesas y carretas situados en calles y plazas. Ellas prestaban sus lechos al precio de 3 y 6 libras con toda reserva.


Durante el primer gobierno del presidente Augusto B. Leguía, las "mesalinas" seguían ubicándose como en la colonia, frente al Palacio de Gobierno, por lo que el gobernante pidió que se legislara sobre la actividad de estas 120 trabajadoras sexuales del primer decenio del siglo XX.

En 1914 y 1915, después de la reglamentación, se registró en Lima 588 meretrices y en 1925 se produjo la migración de mujeres extranjeras a las que se les llamaba “chilenas” que era una manera de mofarse de lo chileno.

El Rímac fue el distrito con mayor cantidad de espacios para el trabajo sexual callejero, los precios más baratos y operaban en el Callejón de Romero, Colchoneras, Alguacil, Tajamar, Huarapo, Acho y Chivato (margen derecha del río Rímac y alrededores); los de clase mediana, ubicados en los lugares de Salud, Huevo, (Av. Tacna) Acequia Alta,(Cailloma y Emancipación) Panteoncito (12. Jr. Ayacucho), Puerta falsa del teatro, (Jr. Huancavelica), Mandamientos y el jirón Amazonas; y los de clase superior, ubicados en Los Patos, (5ta. Av. Emancipación), Comesebo (3ta. Av. Tacna) Orejuelas (Jr. Ica), San Sebastián (Jr. Ica), Barranquita, Juan Simón (Plaza San Martín), Naranjos, Penitencia y Monserrate.

Aquellos fueron años del auge del meretricio en el centro de Lima, pero también de una enorme incidencia de sífilis.

En 1908 solo había registradas unas 120 servidoras sexuales en Lima.




EL FAMOSO HUATICA

El meretricio ilegal y callejero se practicó en Lima durante más de 370 años hasta que en 1907 se legalizó y convirtió en una necesidad social, apareciendo en los últimos 60 años los últimos cinco burdeles legales más famosos de Lima: El Trocadero, La Salvaje, El Botecito, La Nené y Las Cucardas, poco después del Cinco y Medio.

Por Huatica, hoy jirón Renovación en La Victoria, desfilaron entre 1928 y 1956 humildes y grandes personajes de la Lima bohemia y puteril y a mediados de 1956 el negocio se trasladó a la Av. México y sus contornos, La Floral y el Cerro El Pino, donde el meretricio se arraigó.


Los lenocinios y casas de cita de antaño también era lugar de concurrencia constante de personajes de todo nivel, incluyendo políticos, de la bohemia limeña, el arte y conocidos periodistas, como en su juventud nuestro premio Nobel Mario Vargas Llosa. Algunos estudiosos de este tema aseguran que en esos antros hasta se planificaron golpes de Estado.

El cazurro periodista Carlos Ney Barrionuevo, leyenda viva del periodismo policial, perennizado en algunas de las más famosas novelas de Mario Vargas Llosa como “Conversación en la catedral” o “El pez en el agua”, narra la primera experiencia de burdel del entonces joven MVLL que se “coló” entre el grupo de periodistas que salían del diario La Crónica rumbo a Huatica en busca de placer.

“Salíamos de La Crónica rumbo a Huatica, pero como Mario (MVLL) era un chiquillo, lo botamos. Él insistía y se metía en el carro con nosotros. ‘Yo también quiero ir’, dijo y, bueno, nos fuimos todos…”, recuerda con una sonrisa socarrona.




SOBACO ILUSTRADO

El recientemente fallecido librero y bohemio limeño Jorge Vega “Veguita”, conocido también como “El sobaco ilustrado” porque llevaba sus libros bajo las axilas, recuerda que: “Desde el año 1952 hasta 1956, frecuenté Huatica, año en que Prado (el presidente), ordenó su cierre. El burdel no era solo un lugar para ‘chingar’ sino también para conversar, oír música, bailar y pasar la noche entre amigos”.

Huatica fue también el barrio de Alberto Fujimori, quien vivía en la última cuadra de ese jirón (Renovación) “¿No sé si usted sabe lo que era el jirón Huatica? -Gracias a Vargas Llosa. Bueno, un día me contó Fujimori, que él de chiquito pasaba por allí y a las putas les decía tías”.(Jorge Trelles-“Nosotros matamos menos”-)


El escritor Gregorio Martínez cuenta en El Libro de los Espejos -7 ensayos al filo del catre”, que el escritor Julio Ramón Ribeyro abandonaba el bar Palermo para ir a Huatica a visitar a una tal “Rosita” , de quien se enamoró y que Mario Vargas Llosa, entonces periodista de La Crónica, visitaba también el burdel de Elizabeth Parker.

Añade Martínez, que las meretrices de la selva fueron las primeras en ofrecer el llamado “servicio completo” (poses, felación) sin embargo, Roberto Prieto, autor de “Barrios Rojos y Casas de Prostitución en la Lima del siglo XVI- XX”, disiente y afirma que fueron las meretrices francesas quienes “crearon” ese servicio.

Un aspecto interesante de su obra es el número de meretrices que había en Lima en 1916, su edad, raza y estado civil, educación y situación de salud.


LAS DE HOY: “No somos un foco infeccioso”

Ángela Villón Bustamante presidenta de la Asociación de Trabajadoras Sexuales de Lima, que agrupa a unas 60 mil meretrices, acusó a la gerencia de Fiscalización de la Municipalidad de Lima de impulsar la “prostifobia” al imponer una multa de 2 UIT, equivalente a 7,400, soles por practicar el servicio sexual callejero.

Asimismo reveló que la Municipalidad de Lima pretende empobrecer a las servidoras sexuales, que necesitan trabajar para llevar alimento a sus hogares. “Esto es un abuso, necesitamos trabajar, tenemos familia que alimentar, vestir, educar y mantener”, subrayó.

Afirmó que las "trabajadoras del amor" peruanas en América Latina registran los más bajos índices de enfermedades de trasmisión sexual como el VIH sida y que, según cifras del Ministerio de Salud, en el Perú existen unas 250 mil trabajadoras sexuales cuyo índice de contagio de enfermedades de trasmisión sexual apenas alcanza el 00.1%.

“Además brindamos condones a los clientes e información sobre las enfermedades de trasmisión sexual. No somos un foco infeccioso”, enfatizó.

Por Ahora es todo. Soy el Dr. Azul en Tarata 21...


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