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viernes, 6 de enero de 2017

Nelson Manrique: A Dónde Va el Fujimorismo


El historiador, sociólogo y periodista peruano Nelson Manrique escribió en su columna semanal para el diario la República el siguiente artículo que analiza el posible futuro del fujimorismo, a partir de los sucesos recientes.

A Dónde Va el Fujimorismo
Por Nelson Manrique

Una escisión atraviesa a virtualmente todos los partidos. Comenzaremos por los predios fujimoristas.

El fujimorismo es hoy la principal fuerza política del país, no solo por su mayoría parlamentaria, sino porque dispone de una estructura nacional articulada en base a una red de lealtades clientelares. No es accidental que, cuando Kenji Fujimori fuera descubierto recientemente entregando dádivas en el sur, respondiera que esa es su manera de hacer política.

Pero el fujimorismo tiene dos debilidades que amenazan su hegemonía en el mediano plazo. En primer lugar, la fragilidad de una bancada parlamentaria con dirigentes de una mediocridad abrumadora, constituida además por el reclutamiento de notables locales sin una ideología cohesionadora, retenidos por una ley redactada e impuesta por el fujimorismo que convierte en parias a los parlamentarios que se atrevan a abandonar el partido con el que fueron elegidos. En segundo lugar, el conflicto dinástico que enfrenta a Keiko y Kenji por la candidatura presidencial del 2021.




La negación de Keiko a reconocer su derrota no solo fue motivada por la humillación de ser derrotada por segunda vez, cuando aparentemente era la segura ganadora. Tan o más importante, fueron las consecuencias de su derrota al interior del fujimorismo y en su entorno familiar inmediato.

Keiko realizó su campaña buscando desembarazarse de la “pesada mochila” que representaba el prontuario de su padre. Su paso más audaz en esa dirección fue el discurso en la Universidad de Harvard, en el que esbozó la imagen de un “nuevo fujimorismo” que rompía con el pasado corrupto y autoritario familiar y proclamaba una renovación con un talante democrático y tolerante. Reforzando la idea de un quiebre con un pasado vergonzoso, a la hora de elaborar las listas parlamentarias, optó por mandar a un retiro forzado a los escuderos más cercanos a su padre. Martha Chávez, María Luisa Cuculiza y Alejandro Aguinaga fueron apartados del escenario político contra la opinión de Alberto Fujimori, que envió una carta pública demandando que los incluyeran como candidatos. Keiko lo desairó. Con igual determinación aplastó el intento de rebelión de su hermano Kenji, que insinuó que podría ser el candidato presidencial el 2021. Keiko cuadró al partido y notificó a su hermano que podría ser apartado si seguía en esa dirección, haciéndolo retroceder en toda la línea.

Pero fue imposible mantener la ficción de un fujimorismo renovado. Primero se hizo público que el financista principal de Keiko, Joaquín Ramírez, que aparte de fondos aportó los locales y vehículos para la campaña y que ocupaba la Secretaría General del partido, estaba comprometido en una investigación de la DEA norteamericana por lavado de activos procedentes del narcotráfico. A esto se añadió la burda maniobra del nuevo Secretario General, José Chlimper, de recurrir a la adulteración de un audio para desacreditar la denuncia. El esquema ganador entró en crisis y Keiko llevó la campaña de tumbo en tumbo, hasta terminar adoptando el talante cínico y autoritario del fujimorismo añejo, un viraje que contribuyó decisivamente a su derrota.




Mientras tanto, Kenji terminó convertido en el vocero del descontento paterno y de las quejas y protestas de los fujimoristas históricos, todo públicamente expuesto en desplantes como no ir a votar por su hermana, ni en la primera ni en la segunda vuelta. Todo hubiera quedado en el olvido si Keiko hubiera ganado las elecciones. Pero perdió, y los reclamos y reproches embalsados debieron amargarle profundamente la vida. Tanto Keiko como Kenji se han encargado de mantener este pasado vigente, Keiko con su ostentoso retiro a sus cuarteles de invierno por todo un semestre y Kenji realizando intensas giras proselitistas por el sur, que reafirman el carácter bifronte del fujimorismo que está en el horizonte.

Debe reconocérsele a Kenji sin retaceos, como un mérito destacable, su decisión de aprender a hablar quechua. Se puede especular con que quiere competir con Verónika Mendoza, pero sea cual sea su motivación, ella está orientada en la dirección correcta, contribuyendo al reconocimiento de vastos sectores sociales históricamente discriminados. Ojalá en unos años no haya ningún candidato que no sea capaz de comunicarse con los quechuahablantes en su propia lengua.

En buena medida qué vaya suceder en el pulseo entre los hermanos Fujimori por el poder va a depender del desempeño de la bancada parlamentaria fujimorista. El talante matonesco exhibido este semestre ha constituido un torpedo en la línea de flotación para las aspiraciones presidenciales de Keiko y sería suicida persistir en esa línea.

Mientras tanto, Kenji observa.

Fuente: LaRepública

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