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viernes, 18 de diciembre de 2015

Hace 100 Años Falleció Militar Autor de la Marcha de Banderas


Hola a todos y todas. Les recomiendo este post. El 12 de diciembre de 1915 los diarios de la época reproducían las imágenes del entierro de José S. Libornio Ibarra, “sargento mayor y director de las bandas del Ejército”. Su cuerpo era llevado en hombros por los músicos militares.

Cien años después, el miércoles 9, descendientes de Libornio, investigadores, músicos y militares de la FAP y la Marina se reunieron en el cementerio Presbítero Matías Maestro, para rendirle un homenaje. Al día siguiente, en la Escuela Nacional de Folclor José María Arguedas, se interpretaron algunas composiciones para estudiantina, otra parte de su legado.

José Libornio compuso la ‘Marcha de banderas’, originalmente llamada ‘Marcha nacional peruana’, y estrenada el 9 de diciembre en 1897; amén de las diversas marchas con las que desfilan, hasta el día de hoy, los cuerpos del Ejército y la Marina de Guerra; también los toques de diana y de silencio del Ejército peruano.

Incluso realizó composiciones para los escolares. El ingeniero Eddie Echegaray recuerda que en su colegio, en el Cusco, se cantaba ‘El Morro’, una melodía que al igual que la ‘Marcha de banderas’, eran del músico filipino. Recién se enteró del dato cuando, por cosas del destino, se casó con la nieta, Rosa Libornio.

Ironías del destino, a pesar de haber sido director de las bandas del Ejército, cuando Libornio falleció no se le reconocieron sus derechos y su viuda, para sobrevivir con sus cinco hijos, permitía que copien las partituras a cambio de un intercambio monetario. Así también se popularizó más su trabajo.

Una vida musical

Nacido en Manila, en 1858, estudió música por 11 años y egresó con la más alta calificación. En su ciudad fue director de Banda Cívica de España y de la Banda del Séptimo Regimiento de España. Viajó a Hawái donde trabajó como director de la Real Banda del Ejército Hawaiano, con la cual recorrió el mundo. Ya casado en segundas nupcias con la californiana María Estrada, llegó al Perú en 1895, por invitación del gobierno de Nicolás de Piérola, con el cargo de director de las bandas del Ejército, labor que cumplió hasta su muerte.

En 1972, su familia legó las partituras al entonces Ministerio de Guerra. Afortunadamente los 49 tomos, con más de 2,000 páginas de música, un total de 598 partituras para bandas, se conservan en el Centro de Estudios Históricos Militares. De ellas, alrededor de 170 son composiciones del filipino.

En el portal Discography of American Historical Recordings, hay registrados 10 canciones de Libornio, siete como compositor, grabados por la disquera norteamericana Victor: el valse ‘Invernal’, ‘Mariposas’, ‘Candamo’, la ‘Marcha de banderas’ y tres canciones dedicadas a Hawái.

“Libornio fue compositor, arreglista y director general. Su legado son 598 partituras para bandas, la mayoría no son marchas, sino valses, óperas, fragmentos de obras de otros compositores. Aparte dejó también obras para piano que fueron publicadas por las casas musicales importantes de la época”, explica el estudioso Luis Salazar Mejía, quien junto con los familiares y otros investigadores, han formado un colectivo para revalorar su legado.

Comprometido

Como recuerda Salazar, en la Lima de principios del siglo XX, las retretas de las bandas militares cumplían una labor vital para difundir la música: El director de la banda tomaba extractos de una obra que llegaba a los teatros Municipal y Olimpo, y los popularizaba en las retretas. También incluía sus propias melodías. Y hay valses cuya música es de Libornio, a los que después les han puesto letras y alimentaron así al cancionero criollo.

“Hay una serie de autores que entre 1860 y hasta fines de siglo, compusieron valses para piano de los cuales, poco a poco, nos damos cuenta que salieron muchas melodías que utilizó la Guardia Vieja criolla, con letras de poemas. Entonces el valse bailable se convierte en valse canción, son cosas que recién le estamos poniendo la atención debida, pero se necesitan estudios”, dice Salazar.

Para los investigadores, las partituras del filipino destacan que estamos ante un músico de nivel muy alto. “Su obra tiende a ser bastante sofisticada; y otras, que son más populares, para que las bandas puedan llegar a su público. Es un extenso legado musical que nos ha dejado”.

Lo que se viene

El colectivo trabaja un catálogo para poner en valor la composición y arreglos del músico. En su momento, podrá facilitarse este trabajo a las bandas escolares a escala nacional, que carecen de repertorio.

Además, están impulsando junto con las Fuerzas Armadas y el maestro Abraham Padilla, un trabajo de restauración, para que los tres institutos armados uniformicen sus partituras guías de la ‘Marcha de bandera’ (un trabajo similar se realizó años atrás para uniformizar el Himno Nacional), se adapte a los instrumentos modernos y puedan oficializar una versión en conjunto, que también puedan tocar todas las bandas escolares. El rescate recién comienza.

Por ahora es todo. Soy el Dr. Azul en Tarata 21...

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