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domingo, 27 de abril de 2014

La Verdadera Historia de la Enemistad entre Vargas Llosa y García Márquez


Hola a todos y todas. Les recomiendo este post. Los famosos escritores causaron polémica hace 38 años por un incidente en el que el literato peruano le pegó un puñetazo al recientemente fallecido Gabo. Ambos acordaron no hablar nada de lo sucedido, pero ahora el Elmundo.es habló con fuentes cercanas y han dilucidado el suceso.

J. M. Plaza del diario El Mundo de España

Ha sido el propio Mario Vargas Llosa el que nos ha animado a escribir esta crónica. Cansado de que le preguntasen por qué le dio un puñetazo a su –hasta entonces– amigo del alma, Gabriel García Márquez, el escritor peruano zanjó un día la cuestión: “No voy a decir nada. Tendrán que ser los demás los que averigüen lo que pasó”. Y lo que sucedió tan solo lo sabe su mujer, Patricia Llosa, que es la que estuvo en medio y provocó, a su pesar, una enemistad de 38 años y ya sin solución entre los dos premios nobel.

El incidente es muy conocido porque lo han contado y repetido los medios en todo el mundo. El 12 de febrero de 1976, Mario Vargas Llosa llegó a Ciudad de México, donde se iba a estrenar la película “La odisea de los Andes”, cuyo guion había escrito. En el vestíbulo del Teatro Bellas Artes estaba García Márquez, Gabo, quien, al verle, sonrió y fue hacia él con los brazos abiertos, al tiempo que le saludaba cariñosamente: “¡Hermanito!”...

En vez de responderle, Mario, que había sido boxeador amateur en su juventud, le sacudió un gancho de derechas en mitad de la cara que derribó a Gabo y dio con su cabeza en el suelo. Aún estaba inconsciente, o quizás aturdido, cuando Mario se explicó brevemente: “¡Esto por lo que le dijiste a Patricia!”. Así lo afirmaron testigos presenciales de la escena, aunque no se ponen de acuerdo si la palabra exacta fue “dijiste” o “hiciste”.

Pero ¿qué es lo que realmente pasó? ¿Qué le pudo decir o hacer Gabo a Patricia para provocar una reacción tan primitiva, y aniquilar una de las amistades más hermosas y fraternales de la literatura?


EN BARCELONA

Para comprender mejor la dimensión del incidente, que no se puede considerar una simple anécdota, es conveniente que nos remontemos al comienzo de la historia. Los dos premios nobel latinoamericanos se conocieron en Venezuela, en 1967, cuando Vargas Llosa fue a recoger el Premio Rómulo Gallegos por “La casa verde”, pero fraguaron su amistad en Barcelona. A esta ciudad se trasladó Gabo con Mercedes, su mujer, en 1967. Dos años después llegaron Mario y Patricia, que se instalaron en el barrio de Sarriá, casi al lado de donde vivía el autor de “El otoño del patriarca”, novela que escribió en esa ciudad. A partir de entonces, la amistad entre las dos parejas se fortaleció, iban juntos a todas partes y compartían los amigos que les visitaban. Estaban tan unidos que a sus viviendas las llamaban las casas comunicantes.

Los dos escritores tenían como agente literaria a Carmen Balcells, y ambos se relacionaban con los autores latinoamericanos residentes en Barcelona y los editores y escritores de la llamada Gauche Divine. Era una época de fiestas, amistad, alcohol y también de literatura.

Entre Gabo y Mario existía también una mutua admiración literaria. De hecho, Vargas Llosa dedicó casi dos años a analizar la obra de García Márquez. A finales de 1971 publicó “Historia de un deicidio”, un volumen de más de 500 páginas que sigue siendo el estudio más lúcido sobre el autor colombiano. En el verano de 1974, la familia de Vargas Llosa consideró que su estancia en España había acabado, y Carmen Balcells les organizó una fiesta de despedida, que sería la última ceremonia social del llamado boom hispanoamericano. En ella estuvieron los chilenos José Donoso y Jorge Edwards, además de Carlos Barral, Castellet, Vázquez Montalbán, Luis y Juan Goytisolo y Juan Marsé.

El viaje a Lima lo hicieron por mar, y fue en la travesía en ese barco donde ocurrió el suceso que ha disparado los rumores y que tendrá, indirectamente, relación con el célebre puñetazo. El escritor Dasso Saldívar, autor de la biografía “García Márquez, el viaje a la semilla” y amigo del autor colombiano, recordó el pasado jueves la anécdota en la embajada colombiana, tras la lectura pública de “El coronel no tiene quien le escriba”.

Según Dasso Saldívar, Mario conoció en el trasatlántico a una mujer de la que se enamoró perdidamente y se fue a vivir con ella. Tan fuerte fue la pasión que Mario se olvidó hasta de la literatura, algo impensable en un hombre que es todo literatura. La esposa de Mario habló con la familia de Gabo, cuyo consejo fue que no descartase la separación legal si llegaba el caso. Esto fue lo que encendió a Mario cuando un tiempo después volvió con su mujer. Al parecer, y según le contaron a Saldívar, la amante del barco y Mario descubrieron que eran medio hermanos y ahí se acabó todo.

Este detalle, que luego resultó no ser cierto, ha provocado los chismes del mundo literario y algunos han ironizado con que el gen del incesto lo lleva Mario en la sangre. Carlos Barral fue más irónico. Al enterarse de que Mario se había fugado con un nuevo amor, preguntó: “¿Son familia?”. Al contestarle que no, el inteligente editor, musitó: “¡Ah, entonces no durarán mucho!”.

Hay que recordar que Mario Vargas Llosa se casó muy joven con su tía (política), Julia, diez años mayor que él, una historia que el novelista recrea en “La tía Julia y el escribidor”, y después, mientras vivían en París, se enamoró de su prima hermana Patricia Llosa, con la que se casaría en Londres.

El escritor Plinio Apuleyo, uno de los grandes amigos de García Márquez desde sus tiempos universitarios, ha contado que el origen de todo se deba posiblemente a una insinuación que le hizo Gabo a Patricia una mañana que le llevaba al aeropuerto y se confundieron de ruta, pero no da más detalles.


“PROBLEMA DE MARIO”

El incidente fue cierto y fuentes peruanas muy cercanas a Vargas Llosa nos han recreado el suceso. Fue a principios de 1976. Mientras Mario estaba en un congreso en Bogotá, su mujer se acercó a Barcelona, donde se plantearon comprar un piso, y se alojó en el hotel Sarriá. Carmen Balcells le organizó una cena en ese mismo hotel e invitó también a Jorge Edwards y a Gabo. Después de la cena, los cuatro se fueron a tomar una copa al Celeste, un lugar de baile, tipo Bocaccio, frecuentado por el mundo literario. Al día siguiente Patricia tenía que tomar el avión para Madrid, de vuelta a Lima, y como Carmen no podía acercarla, se ofreció gentilmente García Márquez a llevarla en su coche.

En el trayecto, el escritor se confundió de carretera y Patricia temió perder el avión. Entonces Gabo, quizás como un chiste, quizás como una broma colombiana o quizás como un deseo inmediato, le comentó algo así como que si perdía el avión no pasaba nada y ya se montarían ellos una fiesta. Nadie sabe las palabras exactas, ni el tono, pero no fue muy diferente, y esto lo ha insinuado hasta el inglés Gerald Martín, el muy serio hispanista y gran biógrafo de Márquez.

No pasó nada más. Patricia perdió el avión y se volvió al hotel. Al llegar a Lima se lo debió contar a su marido, lo que provocó, semanas más tarde, la airada reacción de Mario, la enemistad perpetua y la prohibición de reeditar su libro sobre García Márquez.

Años después, el propio Gabo confesó, en un congreso, que no tenía enemigos personales. Cuando le insinuaron su ruptura con Vargas Llosa, comentó: “Ah, eso es un problema de Mario y de los chismes que le contó Patricia, que le llenó de cuentos la cabeza”. Sin embargo, en una de las últimas entrevistas en televisión, al preguntarle si había perdido a algún amigo, contestó: “Sí, a uno”.

Por ahora es todo. Soy el Dr. Azul en Tarata 21...

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