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sábado, 6 de julio de 2013

Ley del Servicio Civil: “Ningún Reclamo es Aceptado, Agache la Cabeza si Quiere Mantener su Puesto de Trabajo”


Hola a todos y todas. Les recomiendo el siguiente post sobre la Ley del Servicio Civil y la realidad que nadie quiere ver tras esta reforma retardaría. Políticas similares se implementaron hace décadas atrás en el Reino Unido, durante los años de la guerra fría, y trajeron consigo el declive de la clase media y el incremento de la desigualdad social... En el fondo esta propuesta concentra el poder en los jefes: “si no te portas como yo quiero, te vas”. La estadística oculta es cuántos casos de abusos hay por esto en la vida real. ¿Ya vieron lo que le pasa a Fantine en “Los Miserables”, hace poco en cines con el rol maravillosamente actuado y cantado por Anne Hathaway?

¿MONOS TRABAJANDO?
Por Pedro Francke

“El proyecto de ley de servicio civil debe aprobarse con urgencia porque sentará las bases de una burocracia al servicio del ciudadano” dijo Luis Miguel Castilla, Ministro de Economía y Finanzas, y dos días después el Congreso obedeció. Nos recuerda ese famoso spot de los monos como funcionarios públicos que le costó la elección a Mario Vargas Llosa en 1990. No por gusto en la votación congresal el oficialismo recibió el apoyo del PPC.

Que el aparato estatal peruano da pena por su mal funcionamiento, es algo que constatamos todos los días. Lo que debe discutirse es cuál es la fuente de estos problemas y cuál la solución. Hoy, los neoliberales de siempre repiten lo mismo de siempre: que todo se resuelve estableciendo que los funcionarios públicos cuyo desempeño es deficiente deben ser despedidos. Dicen que hay que replicar la forma cómo operan las empresas privadas, ¿cómo oponerse a algo tan razonable?

FUNCIONARIOS, EQUIPOS Y ORGANIZACIONES

Cuando uno escucha a nuestra derecha defendiendo esta reforma propuesta del servicio civil, pareciera que todo depende del individuo, del profesional o trabajador de manera aislada. Así que les contaré mi paso por el MEF algunos años atrás. Al mismo tiempo que supervisaba proyectos sociales, me dediqué ocho meses a la preparación de 4 grandes proyectos sociales para que recibieran apoyo del Banco Mundial y el BID. Con esfuerzo, los proyectos se terminaron a tiempo. Mi jefe se fue a las últimas negociaciones a Washington DC. Por los mismos días, la orden vino de bien arriba: había que cortar el presupuesto a los proyectos sociales, porque el déficit fiscal era demasiado alto. Lapicero en mano, tuve que tachar cifras de una columna para reemplazarlas por montos menores, ¿que ya los contratos para construir los colegios están firmados? Mala suerte.

Renuncié poco después. Además del contexto político del momento, ¿para qué había sudado meses preparando nuevos proyectos, si los que ya se estaban haciendo no se podían ejecutar? Mi trabajo fue ineficaz, aunque estoy seguro tuve un buen desempeño (de hecho, 14 años después, uno de esos proyectos fue lanzado como 3 años después y todavía está ejecutándose, en una tercera etapa: Parsalud). Pero no se lograron resultados no por mí, sino por las (malas) políticas generales del ministerio.

Lo mismo sucede todos los días en la administración pública. Sin duda parte del problema son funcionarios públicos ineficaces y hasta indolentes en algunos casos. Pero si los servicios de salud son malos, buena parte de la responsabilidad no es de los médicos o enfermeras, es de la falta de equipos e insumos, de los malos sistemas administrativos y del escaso presupuesto. Es común en el estado ver escritorios viejos, paredes maltratadas y, sobre todo, un enredo burocrático que exige absurdos y molestos trámites (que se suelen facilitar tras algunos billetitos). ¿Acaso eso depende solamente de lo que haga cada trabajador estatal de manera individual? Claro que no.

¿CALIDAD DEL GASTO?

Antes que saber si una persona es productiva y trabaja bien, es indispensable saber si el grupo al que pertenece logra buenos resultados. ¿Cómo evaluar el desempeño de cada médico – algo casi imposible – sin antes analizar la eficiencia de su hospital o centro de salud?

El problema es que no hay en el Perú indicadores establecidos ni sistemas de información para saber si una dependencia pública es más o menos eficiente que otro. El MEF no tiene indicadores para medir el desempeño de sus propias oficinas, ni la PCM. No tienen metas claras sobre las cuales rendir cuentas ante los ciudadanos.

El MEF ha promovido una experiencia llamada “Presupuesto por Resultados” (PpR), ahora en la “Dirección de Calidad del Gasto Público”. Don Luis Miguel la conoce bien, habiendo sido, antes que ministro, viceministro encargado durante dos años del tema bajo Alan García. Pero lo cierto es que el avance del presupuesto por resultados es todavía muy incipiente: el porcentaje del presupuesto sometido al PpR es minoritario, los cambios logrados son menores y no hay incentivos a quienes obtienen mayores logros. Además, en sectores como salud no funciona bien, porque usa indicadores parciales y fraccionados que no miden adecuadamente el desempeño integral de las redes, hospitales y centros de salud.

En salud, años atrás se intentó una experiencia de promover la rendición de cuentas y un mejor desempeño mediante los “Acuerdos de Gestión”, que precisamente establecían indicadores claros e integrales. Duró pocos años. Duró menos la experiencia de EsSalud de otorgar incentivos al personal en función de un paquete integral de metas de mejor atención y eficiencia. Como no fueron creación de los geniales e inigualables funcionarios del MEF, estas iniciativas no recibieron apoyo alguno.

GESTIONANDO EL TALENTO HUMANO

Si uno lee a Jaime de Althaus o a cualquiera de estos ultraliberales, pareciera que la clave para que las empresas funcionen bien fuera la evaluación individual de sus trabajadores, seguida del despido de quienes no pasan la valla. Pareciera que sólo atemorizando a la gente se impulsa la productividad.

No por gusto, al mismo tiempo que el gobierno y la derecha insisten en esta política, niegan la negociación colectiva a los trabajadores públicos, lo que es inconstitucional y viola tratados internacionales. Así le dicen a los estatales: “ningún reclamo es aceptado, agache la cabeza si quiere mantener su puesto de trabajo”.

En el fondo esta propuesta concentra el poder en los jefes: “si no te portas como yo quiero, te vas”. La estadística oculta es cuántos casos de abusos hay por esto en la vida real. ¿Ya vieron lo que le pasa a Fantine en “Los Miserables”, hace poco en cines con el rol maravillosamente actuado y cantado por Anne Hathaway?

Las evaluaciones modernas requieren combinar las opiniones de los jefes en sus distintos niveles, de los clientes y de los colegas de trabajo, ¿se ha hecho esto aunque sea como prueba en alguna parte del estado peruano? ¿lo hace el MEF de Castilla? No, claro que no.

Pero más allá de eso, ¿acaso las visiones modernas de gestión de recursos humanos se basan principalmente en la amenaza del despido y las evaluaciones individuales del desempeño? Amigos neoliberales: ¿no han escuchado de la importancia que los trabajadores se identifiquen con la empresa, de generar un clima laboral amable, de esquemas como “Great place to Work”? ¿de las necesidades de tener capacitación y esquemas de carrera? ¿del liderazgo y la motivación? ¿de cómo se trabaja en la sede de “Google”? Hoy sabemos, en el mundo, que la productividad y la eficiencia no son fundamentalmente un asunto individual, si no sobretodo cuestión de trabajo en equipo. Se enseña desde el colegio. Modernícense, amigos neoliberales, aunque eso les suene a un insufrible colectivismo comunista, es así.

BUENISIMO, ¿PARA QUIEN?

Los congresistas oficialistas dicen que la nueva ley del servicio civil es muy buena. Es tan pero tan buena que no se aplicará en el Congreso. ¿Por qué será? Tampoco se aplicará a otras dependencias estatales donde se ganan ingresos de privilegio, como la SUNAT, el BCR o la Contraloría. Allí hay funcionarios que ganan más de 20 mil soles mensuales, muy por encima de los topes establecidos por ley, se supone porque realizan las funciones más críticas; y es justo ahí donde el gobierno ha decidido que no hay que evaluar a los profesionales ni amenazarlos con el despido como al resto.

Mientras tanto, el MEF sigue administrando una planilla dorada, ya sea por proyectos financiados con fondos externos o vía el llamado “Fondo de Apoyo Gerencial-FAG”, esquema que existe desde la época de Fujimori. Así se financia un grupo privilegiado de funcionarios públicos con muy altos sueldos, a escondidas, por decisión exclusiva de MEF y que, no por casualidad, se concentra mayoritariamente en funcionarios que trabajan en el MEF. Pero del FAG la nueva ley no dice una palabra.

¿”Burocracia al servicio del ciudadano”, como ha dicho Don Luis Miguel Castilla de Alan Humala? Acaban de reglamentarse las medidas del gobierno a favor de las inversiones mineras; con ellas, funcionario público que “trabe las inversiones” será sancionado con multas de hasta 74 mil soles. Para definir sobre un Estudio de Impacto Ambiental cuyo análisis requiere no menos de 6 meses ahora los funcionarios tienen solo 100 días, sin que haya suficientes profesionales para esta tarea. No cabe duda que el ministro Castilla sabe a quién preferir; no se trata de los millones de peruanos que queremos un ambiente sano sino de los millones de dólares que revientan los bolsillos de las trasnacionales mineras.

Nuevamente, es el MEF el supuesto gran reformador del Estado. El poder concentrado dentro del Estado, siempre al servicio de la CONFIEP y la Sociedad Nacional de Minería. Los que no rinden cuentas a nadie. Los de mirada estrecha. Los que de alguna desconocida y oculta manera han logrado gozar del favor del comandante de tropa y su sonriente esposa. Perdonen mi escepticismo en esta reforma del servicio civil.

Sí el estado maltrata a sus empleados, ¿Qué no harán ahora los privados?, eso nos debe preocupar más.

Por hoy es todo. Soy el Dr. Azul en Tarata 21...

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