Tarata

martes, 11 de junio de 2013

Edward Snowden, el Último Gran Filtrador de EE.UU.


Hola a todos y todas. Si por los últimos días estuviste viviendo debajo de una roca o en una caverna, quizás no te hayas enterado de la importante filtración que reveló un programa de captación de datos de internet que el gobierno estadounidense llevaría adelante de la mano de la Agencia Nacional de Seguridad del país. Conocimos sobre PRISM, sus implicancias, y sobre Boundless Informer y la forma en que esta herramienta puede ser usada para revisar metadatos. Hablamos de espionaje digital a gran escala.

Hasta ahora, el o los responsables de estas informaciones — que dieron la vuelta al mundo como reguero de pólvora — se mantenían en el anonimato. Y la verdad es que es algo que uno esperaría tomando en cuenta que estaban liberando secretos estratégicos de Estados Unidos. Sin embargo, finalmente la fuente de esta filtración decidió dar la cara y contarle al mundo su verdad y sus motivaciones.

El hombre detrás de las filtraciones se llama Edward Snowden, un ex-asistente técnico de la CIA que ahora mismo tiene 29 años y que ha estado trabajando durante los últimos años como asistente externo para la NSA a través de intermediarios. Aprovechó el poder de amplificación del periódico británico The Guardian para liberar estos secretos y hoy asegura que está muy consciente de sus actos.

“Tengo claro que jamás podré volver a casa”, dijo casi profetizando sobre lo que se le vendrá encima tras tomar esta decisión. “Entiendo que me harán sufrir por mis acciones, pero estaré satisfecho si la federación de leyes secretas, los indultos desiguales y los irresistibles poderes ejecutivos que rigen el mundo que amo son revelados, aunque sea por un instante”, aseguró.

Snowden aseguró que hace este sacrificio pues “no puedo estar con mi conciencia tranquila permitiendo que el gobierno estadounidense destruya la privacidad, la libertad de internet y las libertades básicas de gente alrededor del mundo con estos sistemas de vigilancia que han venido construyendo secretamente”.

El hombre vivía en Hawaii y trabajaba en la oficina local de la NSA, desde donde todo este material fue extraído para ser liberado posteriormente. Tras presentar una licencia médica a causa de un tratamiento de epilepsia que debía seguir, se despidió de su novia y viajó a Hong Kong, desde donde realizó estas filtraciones, confiando en que este sería un lugar donde cualquier pedido posterior del gobierno estadounidense sería ignorado.

El informante ingresó al ejército en 2003, básicamente, porque sentía que tenía la obligación de ayudar a liberar gente de la opresión bajo la que vivían en plena guerra de Irak. Tras una lesión que propició su salida del ejército, fue contratado para trabajar como guardia de seguridad en la NSA, lugar donde sus conocimientos de internet y de código hicieron que escalara hasta trabajar en labores mucho más importantes donde tendría acceso a información clave.

Con todo lo que vio en los primeros años ahí, sus ideales terminaron chocando con la realidad respecto de las motivaciones y los métodos que tenía la NSA para operar, por lo que terminó decepcionándose y preparando el plan para dejar en evidencia todo lo que ha sido visto por la gente en los últimos días.

“No puedes esperar por ahí a que alguien más actúe. He estado buscando lideres, pero me di cuenta que el liderazgo trata sobre ser el primero en actuar”, explicó.

Desde un hotel en el que toma todas las medidas de seguridad para no ser espiado — conoce los protocolos, por lo que sabía perfectamente qué hacer — hasta que decidió realizar estas filtraciones. “Rompí el acta de espionaje, y hasta puede que haya ayudado a nuestros enemigos, pero esto puede ser usado contra cualquiera, lo que muestra lo masivo e invasivo de este sistema”.

“Si hubiera estado motivado por dinero, podría haber vendido estos documentos a cualquier número de países y volverme un hombre muy rico (…) El gobierno se ha otorgado a si mismo un poder que no debería tener. No hay visión del interés público acá”, aseguró Snowden.

Consultado por sus motivaciones, la fuente de las filtraciones aseguró que esto lo hace por su propio gusto. “No me veo a mi mismo como un héroe, porque lo que estoy haciendo es por mi propio interés: No quiero vivir en un mundo donde no haya privacidad y, por lo tanto, no haya espacio para exploración intelectual y creatividad“.

“Lo único que me preocupa son los efectos dañinos que podría tener para mi familia, a los que no podré ver nunca más. Eso me mantiene despierto cada noche”, concluyó.

SNOWDEN Y OTROS FILTRADORES

La filtración a la prensa por el extécnico de la CIA Edward Snowden de dos programas secretos de espionaje del Gobierno de EE.UU. de llamadas telefónicas e internet es otro caso que recuerda al Watergate y al más reciente WikiLeaks.

Snowden se ha declarado autor de la entrega a dos medios de prensa de la vigilancia secreta de las telecomunicaciones de millones de usuarios efectuada por la Agencia Nacional de Inteligencia (NSA), cuyo objetivo declarado es espiar a "sospechosos" de terrorismo y la seguridad nacional.

El caso WikiLeaks es hasta el momento la mayor filtración de información reservada perteneciente al Servicio Exteriores de Estados Unidos.

El soldado estadounidense Bradley Manning ha admitido ser el autor de la entrega al portal de internet WikiLeaks, del australiano Julian Assange, de miles de documentos confidenciales, y la Fiscalía le acusa de poner secretos en "manos del enemigo".

Esa filtración permitió conocer las particulares relaciones en el Departamento de Estado de EEUU, los comentarios de sus representantes diplomáticos, datos de la guerra en Afganistán e Irak y empresas de espionaje, entre otras cuestiones.

Assange está a punto de cumplir su primer año asilado en la embajada de Ecuador en Londres, donde el Gobierno británico pretende enviarlo a Suecia por ser acusado de delitos sexuales que él niega.

Manning, por su parte, afronta un juicio iniciado el 3 de junio por 22 cargos, incluyendo violaciones a una ley de espionaje de 1917 y dar ayuda al enemigo, por el que, de ser declarado culpable, podría ser sentenciado a cadena perpetua.

Ya en 1971, el analista estadounidense de las Fuerzas Armadas Daniel Ellsberg filtró datos a The New York Times y otros periódicos de los llamados "papeles del Pentágono" sobre la toma de decisiones del Gobierno estadounidense sobre la Guerra de Vietnam.

Un año después estalló el caso Watergate, el escándalo del pinchazo de los teléfonos de las oficinas del Partido Demócrata que implicó a la Casa Blanca y que provocó la dimisión del entonces presidente, Richard Nixon, en 1974.

El caso se destapó por las revelaciones a dos periodistas de The Washington Post efectuadas por Mark Felt, que fuera el "número dos" de la Oficina Federal de Investigaciones (FBI).

En 1992, un químico del FBI, Frederic Whitehurst, denunció el deficiente funcionamiento del laboratorio de la Unidad de Explosivos de esa oficina gubernamental.

Su caso sirvió para que la Casa Blanca redactase una orden ejecutiva para proteger a los agentes federales que denunciasen malas prácticas.

La guerra de Irak también fue el motivo del escándalo de la cárcel Abu Ghraib en 2004, dado que algunos soldados estadounidenses filtraron a los medios fotografías con los malos tratos a que fueron sometidos algunos presos iraquíes.

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